En este foro de referencia económica y social, Martín ha reconocido que Andalucía presenta en los últimos años indicadores positivos, con crecimiento de la actividad económica, aumento de las exportaciones y mayor atracción de inversión. Sin embargo, ha advertido de que “este avance no se está traduciendo en una mejora proporcional de la calidad de vida de la mayoría social”.
“El problema no es solo cuantitativo, sino también cualitativo”, ha señalado, apuntando a cuestiones estructurales como la precariedad, los bajos salarios, la inestabilidad laboral o la falta de valor añadido del modelo productivo, que siguen condicionando el día a día de miles de personas trabajadoras en la comunidad.
En este contexto, el secretario general de UGT Andalucía ha subrayado que “se puede crecer económicamente sin repartir ese crecimiento, se puede generar actividad sin generar bienestar y se puede crear empleo sin generar derechos”, una realidad que, a su juicio, ya se ha producido en etapas anteriores y que no debe repetirse.
Uno de los ejes principales de su intervención ha sido la siniestralidad laboral, que ha calificado como “uno de los problemas más graves y persistentes del mercado de trabajo andaluz”. Martín ha denunciado que “en Andalucía se sigue muriendo gente trabajando” y ha insistido en que no se trata de hechos aislados, sino de un problema estructural vinculado al modelo productivo.
Aunque ha valorado el avance que supone la actualización de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, ha advertido de que “no basta con cambiar la norma si no se garantiza su aplicación real”, reclamando más recursos, más control por parte de la Inspección de Trabajo y un mayor compromiso empresarial con la prevención.
En este sentido, ha defendido que la seguridad y la salud laboral deben entenderse como una inversión y no como un coste, y ha advertido de que “no se puede normalizar que en pleno siglo XXI el crecimiento económico conviva con cifras de siniestralidad propias de otras épocas”.
Martín ha vinculado esta situación con un modelo económico basado en sectores con alta temporalidad, estacionalidad y subcontratación, donde la presión por reducir costes repercute directamente en las condiciones laborales y en la seguridad de las personas trabajadoras.
Frente a esta realidad, ha puesto en valor el papel de la negociación colectiva como herramienta clave para mejorar las condiciones laborales, destacando que los convenios colectivos están permitiendo avances en salarios, estabilidad, regulación de jornadas y medidas de prevención en sectores donde la normativa general no siempre llega.
Asimismo, ha reivindicado el papel del sindicalismo de clase como elemento esencial para el equilibrio del sistema productivo, subrayando su contribución histórica a la mejora de los derechos laborales, la cohesión social y la consolidación democrática.
Durante su intervención, el dirigente sindical ha abordado también la relación directa entre condiciones laborales y salud, alertando del incremento de patologías vinculadas al estrés, la ansiedad y la precariedad. En este sentido, ha señalado que “no puede haber productividad sin salud” y ha defendido la necesidad de una visión integral que conecte empleo, sanidad y bienestar social.
Como propuesta de futuro, Martín ha planteado la necesidad de una transformación profunda del modelo económico andaluz, orientada a garantizar que el crecimiento se traduzca en bienestar real. Para ello, ha propuesto avanzar en cuatro grandes líneas: un nuevo modelo laboral adaptado a la realidad productiva de Andalucía, el refuerzo de los servicios públicos y los derechos sociales, el impulso de la reindustrialización vinculada a las energías renovables y una mayor capacidad de decisión política para la comunidad.
En este marco, ha defendido la importancia del diálogo social como herramienta clave para abordar los grandes retos de Andalucía, desde la transformación productiva hasta la mejora de la calidad del empleo, la igualdad de oportunidades o la transición digital.
Finalmente, el secretario general de UGT Andalucía ha llamado a “no normalizar la distancia entre los datos económicos y la vida real de la gente” y ha insistido en que “la verdadera medida del progreso no es cuánto crece la economía, sino cómo viven las personas trabajadoras”.