UGT asiste al homenaje a Manuel Alonso Zapata, maestro de Yegen fusilado en 1936 en las tapias del cementerio de Ávila

Encarna Vargas Puga, secretaria de Empleo y Política Sindical, Institucional y Sociedad de UGT-Granada, ha participado en el merecido homenaje brindado al maestro Manuel Alonso Zapata, natural de Yegen, en 90 aniversario de su asesinato, fusilado junto a las tapias del Cementerio de Ávila el 5 de agosto de 1936. El evento, celebrad en el municipio de Alpujarra de la Sierra, conocido como “El pueblo libro”, ha servido para renovar el compromiso con la verdad y la justicia.


8/19/26 1:10 PM


Esta denominación de “Pueblo Libro” no es casual. Como bien señala el profesor Francisco Morente Valero en su libro “La muerte de una ilusión: el magisterio español en la guerra civil y el primer franquismo”: «La instauración de la democracia puede ser por la violencia; su consolidación sólo es por la cultura. Donde la cultura falta, el sistema democrático se pervierte, se esteriliza, se desfigura o cae, no por la presión exterior, sino por interna consunción. No lo derriban: se desploma».

Desde la UGT reivindicamos la labor pedagógica de las maestras y los maestros de la República como pilar de una modernidad que fue brutalmente truncada por un vil golpe de Estado. La República reconoció y aportó la dignidad que merecía el magisterio. Aquel acto, la destrucción de la República, no sólo aniquiló las esperanzas de justicia social y libertad de millones de personas; desencadenó una sangrienta represión que convirtió en cenizas la pasión por la democracia, la equidad y la igualdad que tantos hombres y mujeres creyeron posible gracias a aquel proyecto republicano. 

Aquella educación pública no fue solo un avance social sin precedentes en nuestro país, fue el proyecto más ambicioso de nuestra historia reciente, y precisamente por eso sufrió una implacable represión. La República no solo reconoció al magisterio, le otorgó la dignidad que merecía. Maestras y maestros que, tras el golpe de Estado y el fin de la guerra, fueron condenados al exilio, a la cárcel, a la muerte o al silencio más absoluto por el franquismo. Trataron de borrar toda la huella de libertad y humanidad de sus enseñanzas. Fracasaron, las sombras del fascismo por mucha iniquidad con la que traten de destruir los valores de la democracia social y la libertad están destinadas al fracaso. Nos rebelamos contra ellos, y seguiremos rebelándonos ante cualquier intento de borrar la huella imperecedera de tantos maestros y maestras, que nos dejaron el legado de su sacrificio.

Tenemos el deber de priorizar la educación en valores democráticos como eje fundamental para transmitir a las nuevas generaciones el conocimiento del pasado, y la defensa de la libertad, la igualdad y la justicia social frente al olvido. Con profunda gratitud, honramos la labor de un Maestro -con mayúsculas- que entregó su vida por la escuela y la libertad.

El paso del tiempo ha hecho que seamos cada vez más quienes hemos conocido únicamente una España en libertad. Para muchos jóvenes, este privilegio empieza a alejarse de la vivencia directa al perderse el testimonio de quienes lo experimentaron. Por ello, estamos llamados no solo a recordar, sino a preservar este tesoro democrático, garantizando que el caudal de nuestra memoria no se pierda cuando falten los mayores.

Cultivemos esta memoria: gracias a su lucha, hoy somos un país moderno, avanzado y plenamente democrático. No existe mejor forma de proteger nuestra libertad que honrar a quienes lo sacrificaron todo por ella, incluso la propia vida.

Como organización sindical, recordamos especialmente a los y las ugetistas que sufrieron de forma directa la brutal represión franquista, a los militantes y dirigentes, hombres y mujeres que fueron fusilados, represaliados o condenados al exilio. Recordar sus nombres, rescatar sus historias, es también rescatar los ideales que siguen inspirando nuestra acción sindical.

Recordar a Manuel Alonso Zapata no es un ejercicio de nostalgia, sino una práctica democrática activa. Como organización sindical, sentimos su pérdida como propia, al igual que la de tantos militantes que, como él, fueron masacrados por defender la libertad. Su lucha no fue en vano, porque su memoria es el cimiento de nuestra democracia actual.

La UGT, a lo largo de sus 138 años de historia, ha hecho de la defensa de la dignidad y la justicia social su bandera. En nuestro corazón siempre estará como principios indiscutibles “la defensa y respeto hacia las personas, hacia sus ideas, libertades y derechos, siempre desde la responsabilidad y el compromiso con los principios democráticos”.

Recordar a Manuel, y a todas las víctimas es rescatar los ideales que inspiran nuestra acción sindical diaria. Honremos a Manuel Alonso Zapata no solo con nuestras palabras, sino con la coherencia de nuestro comportamiento diario. 

La UGT quiere, una vez más, reafirmar su compromiso inquebrantable con la justicia social y los derechos humanos, honrando la memoria de quienes padecieron la brutal represión franquista; personas que pagaron con su libertad, su dignidad o su propia vida el precio de su coherencia. En este tributo, nuestra voz se alza por los militantes como Manuel, perseguidos y masacrados junto a tantos otros -socialistas, comunistas, anarquistas y ciudadanos sin adscripción política-, unidos únicamente por su defensa de la libertad frente al fascismo.

Merece una mención especial la represión, particularmente cruel y ruin, que sufrieron las mujeres: un castigo doble por su condición de género y de activistas, condenadas al silencio, la pobreza o la muerte. Como sindicato, sufrimos en carne propia esta tragedia, viendo a nuestros dirigentes y militantes fusilados o empujados al exilio. Rescatar sus nombres no es solo un acto de memoria, es rescatar los ideales que sostienen nuestra acción sindical presente.

Reconocemos a Manuel Alonso Zapata, un maestro con mayúsculas, cuya vocación y compromiso resuenan con la misma integridad que la de otras muchas maestras y maestros como Julia Vigre, María Sánchez Arbós, Ángeles Arenas Esturillo y del maestro Don Gregorio de La lengua de las mariposas. Su legado es nuestra brújula; su sacrificio, un recordatorio constante. Nos reafirmamos, desde nuestra profunda convicción democrática, en el empeño diario de mantener viva esta historia para que nos impulse en nuestro compromiso, sin miedo a quienes tratan, incluso hoy día, de silenciarnos y de amedrentarnos. Ni un paso atrás en nuestra firmeza y defensa de la democracia, la libertad y la justicia social.

Como sociedad, la verdadera libertad nace de nuestra capacidad de mirar al pasado sin temor, honrando a quienes se sacrificaron para que hoy nosotros podamos construir el futuro. Que este homenaje actúe como un faro: que la luz que Manuel encendió en las aulas de la República no solo ilumine nuestro recuerdo, sino que guíe, con inquebrantable firmeza, nuestra lucha cotidiana.