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UGT expresa su preocupación por todas las personas a los que los talibanes tienen en sus listas negras, especialmente las mujeres.

UGT expresa su preocupación por todas las personas a los que los talibanes tienen en sus listas negras, especialmente las mujeres.

17/08/2021 |

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UGT Sevilla lamenta la situación que se está produciendo en Afganistán y urge a la comunidad internacional a garantizar la seguridad y la paz y a iniciar, de manera urgente, conversaciones con todos los actores implicados en el país para que se salvaguarden los derechos humanos y no se retroceda en las muy limitadas conquistas civiles y sociales que han tenido lugar durante estos años.

Desde UGT queremos expresar nuestra preocupación por todas las personas a las que los talibanes tiene en su lista negra, especialmente las mujeres, las personas LGTBI, activistas de los derechos humanos, periodistas y todos aquellos trabajadores y trabajadoras que, durante los últimos veinte años colaboraron con las fuerzas extranjeras y cuyas vidas hoy corren grave peligro. 

UGT recuerda que, hace veinte años, la administración norteamericana (entonces presidida por George W. Bush) decidía intervenir militarmente Afganistán, al entender que el país era una base segura de Al-Qaeda, considerada responsable de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. 

Las milicias talibanes, un movimiento fundamentalista islámico que había establecido en Afganistán un brutal estado de terror y persecución contra cualquier grupo o persona que se entendiera como disidente: artistas, intelectuales, activistas de los derechos humanos, etc., y había implantado una forma de Estado en el que las mujeres pasaban a ser consideradas seres inferiores que necesariamente habían de ser controladas con castigos corporales y a las que se prohibía el derecho a la educación, libre circulación, derecho a su salud, etc. 

La comunidad internacional, bajo el mando de Estados Unidos y de la OTAN se embarcaba así en una guerra contra un cruel régimen dictatorial y cruel que, curiosamente, habían sido, hasta entonces, considerado aliado y amigo de los mismos que ahora les declaraban la guerra. 

Tras veinte años de operaciones militares y civiles tanto de EE.UU. como de distintos países aliados que formaron parte de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) bajo el amparo de Naciones Unidas, distintos gobiernos decidieron retirarse de Afganistán dejando a la población civil y a los gobiernos afganos a su suerte, al tiempo que las tropas talibanes ganaban fuerza y avanzaban sobre el país apoyándose en los mismos señores de la guerra a los que las potencias aliadas armaron y empoderaron.

Para UGT, tampoco hubo interés de la comunidad internacional sobre las constantes violaciones de derechos humanos que los sucesivos gobiernos afganos llevaban a cabo, muy significativamente el de permitir que los y las trabajadoras pudieran organizarse libremente. Los constantes vetos a que la NUAWE, el Sindicato Nacional de Trabajadores y Empleados afgano pudiera llevar a cabo sus congresos, la incautación de sus bienes y la represión de la libertad de asociación (con frecuentes ataques de la policía y fuerzas militares a las sedes del sindicato, supusieron –además de la violación de la Constitución Afgana y de derechos fundamentales consagrados por Naciones Unidas- el que la fuerza obrera organizada, imprescindibles para el fortalecimiento y la cohesión social, no haya podido contribuir con su enorme potencial a la creación de un Estado sólido y seguro. La justicia social, el estado de derecho y el trabajo decente que permite a la gente desarrollarse y vivir de manera digna son requisitos fundamentales para conseguir la paz y fortalecer la democracia. También la comunidad internacional quiso mirar para otra parte cuando, pese a las denuncias reiteradas de las organizaciones sindicales como UGT y la Confederación Sindical Internacional (CSI) de la que somos parte, en el “nuevo Afganistán” se violaban todos estos derechos, impidiendo así la pacificación del país. 

Urgente salida del país…

La caída de ayer de la capital, Kabul, y la ocupación por parte de los talibanes de la gran parte Afganistán vuelve a dejar a aquel país solo. No es este el lugar en el que analizar las causas o decisiones que llevaron a las fuerzas internacionales a retirarse de manera más o menos organizada, pero UGT cuestiona y quiere llamar la atención sobre los infinitos intereses políticos, económicos y geoestratégicos que han llevado a la situación de hoy, en el que más de treinta millones de personas han sido abandonadas al peor de sus albures. 

La comunidad internacional debe garantizar la seguridad durante la evacuación de su personal, sí, pero también la de centenares de miles de personas que huyen del espanto y de un futuro verdaderamente negro. Por ello, UGT exige al gobierno de España que facilite la evacuación y garantice la concesión de refugio a todas aquellas personas que han colaborado con las fuerzas españolas durante el tiempo que éstas estuvieron en Afganistán, así como a sus familias, igualmente amenazadas por los talibanes, pero también a todas las personas que destacaron por su apuesta por la libertad y que hoy están condenados ya a muerte. 

Asimismo, UGT pide al gobierno de España que lidere en la Unión Europea una política de puertas abiertas al infinito número de personas que buscarán refugio en los distintos Estados miembro de la UE y que ponga en marcha un mecanismo especial con Naciones Unidas y ACNUR, suficientemente dotado, para que la crisis de personas desplazadas por culpa del abandono internacional y la brutalidad talibán pueda ser mitigada, ofreciendo apoyo y ayuda a países limítrofes, y replanteándose los mecanismos de control de la migración existentes hasta ahora con países limítrofes de la UE. 

El futuro (el presente) de millones de mujeres y niñas a las que se les volverá a privar del derecho a la educación, a vestirse como quieran o de la soberanía sobre sus cuerpos y sus vidas exige acción. También la de las decenas de miles de personas que serán ajusticiadas por pedir y apostar por una sociedad más justa y libre. Y los gobiernos de todo el mundo son, en mayor o menor medida, responsables de ello. Esta tragedia exige por tanto replantearse el rol que Naciones Unidas ha tenido y tiene en conflictos como el de Afganistán, y el extraño papel que con frecuencia juega una organización cuyo primer objetivo es la paz y la construcción de un mundo mejor. Si algún bien puede surgir de la destrucción que ya han comenzado los talibanes ha de ser el de pensar y actuar para garantizar que la sangre de millones de personas inocentes no sea derramada y que sus vidas, con derechos y garantías, puedan desarrollarse libremente.