Ahora les toca a las universidades públicas

29/05/2012 |

El problema no es que el ministro de Educación critique a la universidad española, sino que transmita una imagen muy negativa de esta institución que ha hecho grandes esfuerzos en poco tiempo y tiene mucho por lo que sentirse orgullosa

(Artículo de opinión de Antonio Oña, Sº General de la Sección Sindical de UGT en la Universidad de Granada, publicado en el periódico IDEAL de Granada del martes, 29 de mayo de 2012)

Parece que la hoja de ruta del Gobierno para aplicar sus recortes económicos y sociales consiste, primero, en descalificar y manchar el prestigio de las instituciones y las personas para, a continuación, aplicar la tijera y hacernos volver a los tiempos predemocráticos. Todo ello, ambientado en un escenario generalizado de miedo. Su amigo Bush les ha enseñado muy bien el valor político del terror aplicado desde el poder para justificarlo todo. En el caso español, los fantasmas son los mercados y la intervención europea.

El miedo se acaba cuando se les quitan las caretas a los fantasmas. A los nuestros se les caen cuando se desmiente la posibilidad de intervención de España porque estaría en peligro el euro y la propia Unión Europea. Y los mercados, lo único que nos han demostrado es que mientras más se les da, más quieren. Quizás ha llegado la hora de que alguien les haga frente. Ha llegado la hora de otra política distinta a la del pensamiento único del mercado.

Comenzaron desprestigiando a los sindicatos, luego a los funcionarios, han continuado con la sanidad, con la educación y, ahora, les ha llegado el turno a las universidades; no se pararán ante nada. Sus amigos de los mercados ya les han dado las órdenes.

Los primeros mensajes de desprestigio los está lanzando el inefable ministro de Educación, que comete la contradicción de decir que va a crear una comisión de estudio de la situación de la universidades pero, antes de ese estudio, ya hace el diagnóstico negativo de ella, reforzado por la presidenta de la comisión que, de esta forma, difícilmente podrá justificar su neutralidad y rigor.

Con el magnífico y fundamentado artículo de los profesores Pérez y Armenteros, en un periódico de tirada nacional, queda claro que el ministro habla sin conocimientos de la situación de las universidades o, lo que es peor, miente sobre ellas.

En el citado artículo se demuestra que no es verdad que la universidad española tenga un 30% de abandono, ni que el desempleo sea la consecuencia final de los estudios universitarios, ni que el número de universidades españolas sea excesivo en comparación con otros países. Por el contrario, la tasa de abandono es inferior al 12%; la tasa de desempleo de los titulados universitarios es del 12%, frente al 24% del conjunto del mercado laboral, y el estado de California tiene casi el doble número de universidades que España.

Los `rankings internacionales de las universidades, que utiliza el ministro para desprestigiar a la universidades españolas, dependen fundamentalmente de la inversión en investigación; y la inversión en I+D+i en España ha estado siempre muy por debajo de los países que tiene universidades entre los 100 primeros puestos. Además, el Gobierno vuelve a bajarlos aún más, atreviéndose a insinuar su eliminación y privatización.

El problema no es que el máximo representante español en Educación critique a la universidad española, que evidentemente es perfectible como todo, sino que lo haga con intereses inconfesables y que transmita a la sociedad una imagen muy negativa de una institución que ha hecho grandes esfuerzos en poco tiempo y tiene mucho por lo que sentirse orgullosa.

Como se establecía en las conclusiones de las jornadas `La universidad que queremos, organizadas por la FETE-UGTy la Universidad de Granada, el año 2011, «resultan meritorios los esfuerzos realizados por las instituciones universitarias para adaptar, en un corto período de tiempo, un sistema universitario elitista y escasamente preocupado por las necesidades del tejido productivo, a un sistema universitario con una oferta de enseñanzas diversificada y próxima que ha favorecido el acceso masivo y democrático de la sociedad española a la educación superior y que ha establecido una relación creciente con nuestro tejido productivo».

Quizás lo que les molesta a los jerarcas del PP es, precisamente, ese acceso democrático para todas las clases sociales.

La enseñanza superior y la investigación en España, ha conseguido un muy aceptable nivel internacional, con un 20% menos de recursos que la media de la OCDE.

Todos los índices de investigación han crecido en España gracias, fundamentalmente, a las aportaciones del personal docente e investigador de las universidades públicas, a pesar de contar con una inversión en I+D+i muy inferior a los países de nuestro entorno: un 1,3% del PIB, frente a un 2,3%.

Parece significativo señalar, también, que las universidades públicas realizan sus tareas docentes a un coste un 25% inferior al de las universidades privadas.

Señor ministro, no busque las excusas por ese camino, asuma sus objetivos políticos sin refugiarse en la mentira y el desprestigio de las universidades públicas y aténgase a sus graves consecuencias. ::