"Nunca nos habíamos visto así"
Desde hace casi dos años una sirena anuncia todas los días laborales a las diez de la mañana que los empleados municipales del Ayuntamiento de Barbate se concentran en la puerta para protestar.
Durante media hora, un ruido ensordecedor inunda todo el pueblo, acostumbrado ya a esta rutina que, como explica, el presidente de la junta de personal y delegado de UGT en el Consistorio, José Ramón Torres, “se ha convertido en una tradición”.
Como una broma pesada, el retraso en el cobro de los salarios también es otra tradición desde hace años pero “nunca nos habíamos visto así”, manifiesta Torres. “Hay compañeros con embargos de hipotecas, de vehículos, otros que han tenido que volver a casa de sus padres… no podemos tirar más”. Y es que, a pesar de las ayudas familiares, de la solidaridad de los vecinos, los créditos y las facturas no se pagan solos y ya llevan cinco meses sin cobrar.
Desde el verano pasado, las protestas se han ido incrementando pero en octubre pararon a la espera de buenas noticias, que aún no han llegado. “Estamos cansados de promesas”, dice. Por eso, esta semana han retomado las manifestaciones y han paralizado los servicios municipales. En un ambiente fantasmagórico, el Consistorio refleja la realidad diaria de estos trabajadores. Soportales calcinados, mesas vacías, pancartas en la escalera principal… y a oscuras. La deuda del Ayuntamiento es de tal calibre que hasta seis dependencias municipales funcionan con un motor generador de luz, que a la mínima ocasión se apaga para no gastar combustible.
En este ambiente, los representantes sindicales insisten una y otra vez: “No creerse nada, tenemos que seguir en la lucha hasta que no veamos el dinero en el banco”. Y es que, a la certeza de no cobrar se unen los rumores de que “hoy mismo nos han dicho que nos pagan, o mañana, o el próximo lunes”. Rumores que acrecientan aún más el desánimo de los trabajadores que viven sin saber ya qué hacer. Uno de ellos se desahoga: “Más de 20 años trabajando y mírame cómo estoy ¿Y qué hago? ¿Me voy? Si tengo una plaza fija”. Al instante, un compañero lo alivia y entre ellos sus males espantan. Es precisamente ese consuelo el que los hace seguir adelante. “A mí me sorprenden cada día porque aquí hay verdaderos dramas pero nos vamos dando fuerzas, aunque no sé si esto algún día estallará”.
De momento, les queda manifestarse y hacer visible su protesta. En pocos minutos se preparan, toman su pancarta y comienzan su recorrido por la avenida principal del pueblo. Otra nueva tradición.