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La fallida videoconferencia entre los Jefes de Estado de la UE perjudica gravemente a Andalucía

La fallida videoconferencia entre los Jefes de Estado de la UE perjudica gravemente a Andalucía

Desde UGT Andalucía consideramos muy perjudicial lo ocurrido el pasado viernes en la videoconferencia entre Jefes de Estado de los países miembros de la UE. Un cuarto de siglo después de la entrada en vigor del Acuerdo Schengen las fronteras entre los miembros de la UE vuelven a estar tan presentes como por aquel entonces y las históricas discrepancias entre el Norte y el Sur se hacen más que evidentes.

30/03/2020 |

Gran parte de nuestros socios europeos no son conscientes de la situación particular que vivimos en nuestra tierra. Nuestra tasa de paro (20,8%), 18 puntos superior a la de Holanda (2,9%), casi 7 veces superior a la alemana (3,2%), se sitúa  más  de 14 puntos por encima de la finlandesa (6,5%) y es 5 veces mayor que la de Austria (4,3%). Si lo que analizamos es el PIB per cápita, los 19.107 euros de Andalucía poco o nada tienen que ver con los 41.350 € de Alemania, los 43.630 € de Finlandia, los casi 45.000 euros de Austria (44.00 €) o los 46.820 € de Holanda.
 
En escenarios de partida tan dispares, las repercusiones que una nueva crisis económica puede tener sobre una economía como la andaluza, que todavía no ha recuperado los niveles previos a los de 2007, en nada se parecerán a los que pueda tener en economías más desarrolladas como la de los cuatro países citados. Si a ello unimos como el nivel de expansión de la pandemia tan bien es muy dispar, mientras que, a la hora que terminamos esta valoración en Andalucía han muerto 144 por coronavirus, en toda Alemania la cifra de fallecidos es de 262, en Austria ‘únicamente 49 y en Finlandia solo cinco personas. No obstante, desconocemos como estarán estas cifras tras esos 15 días de margen dado por los líderes europeos.
 
Más allá de todo ello, lo cierto es que los ciudadanos y empresas europeas continuamos una semana más sin eurobonos, sin una clara respuesta fiscal conjunto de Europa, sin Plan Marshall y con poco más que una línea de crédito de emergencia que, además de insuficiente, nace con una cantinela que suena en exceso a aquellas medidas de rescate económico de la que todos los países quieren huir.
 
 Muchos quisimos ver en la salida del Reino Unido de la UE una oportunidad para volver a dotar de contenido social el proyecto europeo. No debemos olvidar que, durante las últimas décadas, Gran Bretaña fue el principal veto a la implantación de una enorme batería de medidas sociales que, a la hora de su aprobación, siempre encontraron la oposición frontal de la bancada británica.
Desgraciadamente, ni tan siquiera después de la consolidación del Brexit, Europa parece estar dispuesta a cimentarse desde el prisma de la solidaridad entre Estados Miembros y vuelve a dar argumentos a aquellos sectores de la sociedad que siempre han criticado que Europa, con mayúsculas, es poco más que una unión monetaria reacia a avanzar en materia fiscal.
 
Como si de un juego de niños se tratara, de un lado el bloque frio liderado por Holanda, Austria, Alemania y Finlandia, de otro la Europa cálida de España, Italia o Francia. Uno propone volver al tablero de juego en tres semanas mientras que el otro exige que máximo en diez días. Bueno pues decisión salomónica, nos damos 15 días para avanzar en las medidas que pueden formar parte del futuro Plan de Choque para la Reactivación de la Economía. ¿Por qué piensan los Jefes de Estado que se llama Plan de Choque?, ¿De verdad no son conscientes de la urgencia de la situación? 
 
Los grandes de Europa solo se han puesto de acuerdo en dos iniciativas, congelar el Pacto de Estabilidad y suavizar la prohibición de ayudas a empresas. La implantación de estas dos medidas resulta del todo asimétrica, ya que poco o nada tiene que ver el enorme margen de actuación que permite a aquellas economías con menor nivel de Deuda Pública, curiosamente las del bloque frio, con la escasa maniobrabilidad con la que habilita a los Estados que en mayor medida sufrieron los efectos de la última de las grandes crisis económicas.
 
La verdadera razón de peso que se esconde tras estas discrepancias es que tan asimétrica como las dos ultimas medidas citadas está siendo la expansión del coronavirus en Europa, lo que vuelve a subrayar la gruesa línea de las fronteras estatales y que los menos afectados apuesten por medidas nacionales y no por una respuesta conjunta. Mal están haciendo en obviar los avisos de la Organización Mundial de la Salud que no se cansa en advertir de la importante necesidad que tiene Europa de preservarse ante nuevas olas de expansión de un virus que no entiende de fronteras.
 
De una vez por todas, los lideres europeos tienen que entender que los ciudadanos de la UE necesitamos de un proyecto de construcción de Europa solidario, que no deje a nadie atrás, con una cimentación solida que nazca de la mejora de los niveles de calidad de vida del conjunto de la población, de unas políticas públicas garantes del Estado del Bienestar. Los europeos demandamos una Europa Unida, capaz de hacer frente de manera conjunta a la pandemia y que vuelva a  poner a los ciudadanos en el centro de la política económica, laboral, social, medioambiental y, ahora también, sanitaria.
O cimentamos con solidaridad el proyecto de construcción de Europa o continuará resquebrajándose.